Bariloche: Quién era “Rafita”, el joven mapuche asesinado por la Prefectura

Rafael Nahuel provenía de una familia humilde y trabajaba como soldador y carpintero.

En diálogo con la web La Retaguardia, Alejandro Palmas -del Colectivo Al Margen- recordó a Rafael Nahuel, el joven de 22 años que murió baleado en un desalojo de Prefectura en la zona aledaña al lago Mascardi.

“Participaba de un espacio que tenemos, una organización en un barrio muy humilde del Alto en Bariloche, que lleva adelante un emprendimiento de carpintería productiva para que los pibes puedan encontrar una salida”, explicó. “Estamos en el barrio, compartimos el almuerzo, hacemos talleres de música, telar mapuche y boxeo”.

Nahuel había aprendido a soldar y se “daba mano” con el trabajo en madera. De acuerdo a un comunicado lanzado por Al Margen, “las últimas semanas reparó el arco de fútbol del Ruka Che donde todos los martes y viernes nos juntamos a fabricar el proyecto de vida que la ciudad les niega”.

Palmas relató además que el joven se había entusiasmado con su participación en el programa Esquí Social y que “si hubiera tenido oportunidades hubiera podido ser instructor”. Además, lo describió como “propositivo, siempre con una sonrisa, un pibe bien de barrio, de origen mapuche, que a diferencia de los otros pibes no se avergonzaba de su apellido”.

Días atrás, Rafael decidió partir hacia la zona del lago Mascardi junto a su tía María -quien fue detenida el jueves- para colaborar con el movimiento mapuche. “Sus familiares son autoridades del pueblo mapuche, él se estaba empezando a reconocer en la historia del pueblo”, apuntó Palmas.

“Eso siempre iba a ser mejor que el destino que les deja acá la ciudad a los pibes de los barrios”, agregó. “Era una alternativa para encontrar un proyecto de vida”.
“Venía todos los días”

Fernando Fernández Herrero, de la fundación San José Obrero de Bariloche, conoció a Nahuel mientras aprendía allí su oficio de soldador y lo recuerda como “flaquito, chiquito, siempre vestido de Boca, tratando de sobreponerse a una realidad familiar muy difícil, y a un barrio que se come a los pibes”.

“Venía todos los días, no faltaba, contento se puso el mameluco cuando los pudimos comprar, dentro de nuestro trabajo de ir integrando a los pibes en grupos con el eje puesto en la cultura del trabajo, ‘Rafita’ era uno de nuestros referentes”, agregó.

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