El partido que ganó Aguirre le dejó un mensaje a todo San Lorenzo

Como es imposible vivir aferrado a los recuerdos, los grandes no pueden dormirse por más títulos y talento que tengan. Los chicos saben que una gran puerta se les abre. Y el entrenador debe animarse a elegir con libertad total.
Fue un mensaje a futuro, indicando que sí o sí San Lorenzo exige una renovación y que tal vez en los pibes encuentre el principio de la solución. Consistió en una señal para que despierten aquellos referentes con talento indiscutido, pero realidad demasiado desteñida. Se trató de un guiño del destino para el entrenador que necesitaba un impulso para tomar decisiones con fuerza total, inclusive en los instantes más calientes. Todas esas conclusiones también desembarcaron en el Nuevo Gasómetro con ese frenético final que San Lorenzo gozó. Tal vez sirva para que todos en entiendan que deben acomodarse a la realidad aceptando los lugares que indique Diego Aguirre, aunque a veces algunas resoluciones duelan y/o suenen a injusticia.

El agradecimiento para los campeones de América 2014 será eterno, pero el tiempo a nadie perdona. Entonces, si Leandro Romagnoli (36 años) ni siquiera se concentra, ¿por qué Sebastián Torrico (37) no puede sentarse en el banco de suplentes si no transmite la seguridad habitual? Es lógico que a lo mejor Néstor Ortigoza se sienta incómodo porque no le resuelven futuro, pero ese tema contractual no debe desenfocarlo. El equipo pide a un Ortigoza (32) más preciso, más lúcido, más participativo, más reflexivo, como en la última pelota, como en ese pase que iluminó la jugada del gol que significó el desahogo, no como en los 80 minutos anteriores.

Si bien no estuvo en aquel plantel para la memoria, aunque fue parte de la conquista en la Supercopa Argentina con paliza a Boca, Fernando Belluschi (33) con su exquisitez supo meterse en la piel de San Lorenzo. Siempre se lo reconocerá. Sin embargo, le cuesta recuperar su versión ideal. Vaya si se notó contra Católica. Faltó su conducción cerebral. Es más: le robaron la pelota que derivó en el empate chileno. ¿Quién hubiera imaginado que, en el tramo final de un partido que San Lorenzo empataba y debía ganar sí o sí, Belluschi sería reemplazado por un pibe de 18 años todavía sin minutos en Primera?

Pateó el tablero Aguirre y todo le salió bien. Navarro reemplazó con sobriedad a Torrico. Y al final, cuando su ciclo agonizaba, el entrenador no eligió a los experimentados que estaban en el banco: Gonzalo Bergessio (32), Tino Costa (32) y Juan Mercier (37). El uruguayo apostó a los jóvenes: adentro Luis Avila (23) para darle explosión, Cristian Nahuel Barrios (18) para manejar la pelota (¡nada menos que por Belluschi!) y Marcos Senesi (19) para reordenarse atrás cuando el Perrito ya había cabeceado al milagro.

¿Habrá sido un espejismo o el nacimiento de una nueva historia? San Lorenzo sabrá y dirá. Lo claro es que no puede vivir aferrado a los dulces recuerdos, pero tampoco descartarlos con desprecio. Es que sería un error. A los futbolistas grandes hay que valorarlos, pero los pibes pueden refrescarlos. Nada mejor que crecer a la par de la experiencia. Todos juntos, cada uno en su lugar. Con un técnico libre para elegir.

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