En la fiesta del asado, Mendoza se llevó el premio mayor

Compitieron las 24 provincias. Además hubo puestos gastronómicos en la avenida 9 de Julio, entre Corrientes y Avenida de Mayo, y shows musicales.
fiesta-del-asado-buenos-airesComo si fuese el patio de una casa, sin pretensiones y muy poco gourmet, los alrededores del Obelisco se convirtieron en una gran parrilla nacional. Desde las 11 y hasta las 19, se disputó el Campeonato Federal del Asado, en el que participaron 24 equipos, uno por cada provincia argentina, incluida la Ciudad Autónoma. El evento convocó a 250 mil personas que se acercaron para comer y observar a los participantes al mando de las parrillas humeantes. También, dejó un ganador: Mendoza.

En la 9 de Julio, desde Corrientes hasta Avenida De Mayo, se sucedieron los tablones de madera apoyados sobre barriles de metal, las banquetas de pino con abuelos, parejas y amigos; los canteros del Metrobus funcionaron como sillas y a los lados hubo decenas de estructuras de metal en las que se vendieron sándwiches de vacío, cordero, costeletas de novillo y tira de asado al plato, por 60 a 90 pesos. También, platos típicos de Francia, Italia, Vietnam, República Dominicana y México. Al mediodía, la zona era una bruma caliente y aromática, reverberando bajo un cielo celeste tempera. Una parrilla popular a cielo abierto.

“Vinimos a aplaudir a nuestra provincia. Cada uno llegó desde distintas ciudades: Paraná, La Roque, La Paz, Gualeguaychú, Victoria y Villaguay”, enumeró un grupo de entrerrianos a Clarín. Los primeros se ubicaron detrás del stand en el que compitieron los parrilleros locales, oriundos de Victoria. “Somos la mejor hinchada”, repetían al tiempo que pedían un “pedacito de asado”. A ellos se sumaron decenas de correntinos, salteños, cordobeses y extranjeros.

La mayor parte del público se mostró conforme pero en medio de los festejos un grupo de veganos protestó. Fueron alrededor de 20 activistas, algunos vestidos con delantales blancos manchados de sangre; otros con carteles con las leyendas “Una muerte sin razón es asesinato” y “Violencia es comer animales” y fotos de becerros caídos. “Nos convocamos en forma espontánea. El campeonato es una cuestión cultural y una barrera a derribar. Nunca puede ser mejor torturar y matar a un ser vivo, que no hacerlo”, dijo Gustavo, uno de los manifestantes. Horas antes, del lado norte del Obelisco, se hizo un “Torneo Metropolitano del guiso”, en contra de las políticas sociales del Gobierno porteño, que del lado sur comenzaba con el campeonato.

El evento fue organizado por la Subsecretaría de Bienestar Ciudadano y el Programa BA Capital Gastronómica. Demandó una inversión de 10 millones de pesos. La empresa a cargo fue Venue, con experiencia en el armado de ediciones del Rally Dakar. El objetivo, dijeron desde el Gobierno, es imponer la marca asado, siguiendo el modelo de Perú, reconocido en el mundo por su ceviche.

Los camiones con la mercadería llegaron a la Plaza de la República y Avenida De Mayo de madrugada. De sus cajas bajaron 108 kilos de carne vacuna. Ese fue el material que, a partir de las 11, los parrilleros pusieron a prueba, bajo el fuego de las brazas, con leña o carbón. Las parejas fueron elegidas por las sedes provinciales del sindicato de gastronómicos, UTHGR. Competieron en dos categorías. En una debieron demostrar su habilidad para asar tira de asado, vacío y colita de cuadril. En la otra, su capacidad para despechar las achuras, verduras y provoletas mejores.

Los cortes eran del mismo frigorífico para evitar diferencias en su calidad. Los asadores llevaron sus cuchillos, platos y bandejas. Un jurado conformado por el periodista gastronómico Pietro Sorba y referentes de las parrillas Don Julio, La Cabrera, La Carnicería, El Mirasol, Las Lilas, Siga la Vaca, Nuestro Secreto y La Cabaña, entre funcionarios y otras autoridades, los evaluó. La presentación, el punto de cocción, el sabor y la composición del plato fueron los ejes.

“Primero me fijo en el aspecto visual, si la carne tiene buen dorado y no está quemada. Tiene que invitar a comer. Después observo la parrilla, si está o no ordenada, y el lugar de trabajo de los asadores. Luego chequeo el punto de cocción, la sazón y evalúo si agregaron algún tipo de condimento”, dijo Pietro Sorba. Comió porciones muy chicas, del tamaño de un poroto. Dijo que así no empalagó el paladar e hizo una degustación correcta. Al mediodía no dijo quiénes fueron sus preferidos pero hizo un diagnóstico: “Esta competencia es una prueba más de la capacidad y sabiduría del asador argentino. Los participantes no conocían la parrilla ni la carne. Para ellos fue inédito y salieron muy bien. Es meritorio”. Pero por lógica el ganador fue uno. Y en la fiesta del asado, Mendoza salió campeón. Carlos Gallardo y su ayudante Francisco Araya, quienes trabajan juntos desde hace más de 20 años, fueron ovacionados por el público.

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