Se casaron tres hijos de un emir de Dubái y a la fiesta solo fueron hombres

En las familias tradicionales de la península Arábiga, las mujeres se mantienen fuera de la vista de los extraños. La jequesa Hind, principal esposa del emir y madre de los tres príncipes que ahora se casan, apenas es conocida fuera de su círculo familiar.

El emir de Dubái, el jeque Mohamed Bin Rashid al Maktum, ofreció el jueves una recepción con motivo del enlace nupcial de su heredero, el jeque Hamdan, y otros dos de sus hijos, los jeques Maktum y Ahmed.

Los tres se casaron el pasado 15 de mayo en una ceremonia religiosa privada, pero de acuerdo con la costumbre islámica el matrimonio no se hace efectivo hasta el día fijado para la boda. Como es tradicional, a la fiesta solo acuden los parientes varones de los contrayentes y sus invitados hombres. Las mujeres lo celebrarán de forma separada en los próximos días.

Desde que hace tres semanas la oficina del jeque Mohamed anunciara los esponsales, se han multiplicado las imágenes del emir y sus tres hijos, tanto en los periódicos como en las redes sociales. Que nadie espere una foto de las parejas. A pesar de la modernidad que proyectan sus rascacielos y su apertura al turismo, Dubái, uno de los siete integrantes de la federación de Emiratos Árabes Unidos, sigue aferrándose a las tradiciones. Es una forma de reforzar la identidad nacional en un país en el que la población local es minoritaria: de los nueve millones y medio de habitantes, apenas un millón son emiratíes.

En las familias tradicionales de la península Arábiga, las mujeres se mantienen fuera de la vista de los extraños. La jequesa Hind, principal esposa del emir y madre de los tres príncipes que ahora se casan, apenas es conocida fuera de su círculo familiar.

Además, llama la atención la edad de los novios. Aunque los primeros matrimonios también se han retrasado en esta parte del mundo, los príncipes superan los 27 años a los que, según las últimas estadísticas, se casan los emiratíes (24 en el caso de ellas). En cualquier caso, la boda sigue siendo un paso obligado para la plena aceptación en sociedad de un adulto.

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