El exboxeador argentino, oriundo de Caleta Olivia, está cumpliendo 55 años. Fue campeón mundial de la categoría Medio (69 – 75 kg) en 1994, ganándole al campeón Reggie Johnson en Buenos Aires.

El argentino Jorge “Roña” Castro, también conocido como “Locomotora”, está cumpliendo 55 años. brilló en la década de los 80 y 90 como un gran animador del boxeo argentino, con geniales espectáculos y un título mundial mediano en su poder. A Jorge Castro, dentro del cuadrilátero, su garra y estilo callejero lo forjaron como figura. Además, su simpatía y carisma lo ayudaron a ganarse un espacio en el corazón de los espectadores. Un récord monstruoso: 130 victorias, 90 antes del límite, 11 derrotas y tres empates.
Tuvo todo lo necesario para posicionarse como ídolo popular, y lo logró. Quizás, también agigantó su figura por las locuras que hizo fuera de su carrera deportiva… O no tan fuera. Un personaje pintoresco, pícaro, del pueblo para el pueblo. De la mano del boxeo, el Roña lo vivió todo, o casi todo.
Castro peleó en muchísimos lugares del globo terráqueo. Su primera excursión fuera de Argentina, fue en el Stade Louis II del Principado de Mónaco. Aquella noche, la del 8 de noviembre de 1988, Locomotora Castro noqueó al estadounidense Alphonso Bailey. Tal victoria le valió la posibilidad de pelear en San Pellegrino, Italia, ante Jean Pierre Iniama. También se llevó el triunfo, pero por nocaut técnico. De ahí en más, su boxeo fue apreciado en Nueva York, Madrid, París, Penascola, Monterrey, Fort Lauderdale, Tokio, Filipinas, Panamá, Alemania, Sudáfrica, Phoenix, y también en Australia. A su vez, dentro de Argentina, El Roña tuvo presentaciones en varias provincias y ciudades. Desde su Caleta Olivia natal, hasta el mítico Luna Park del barrio porteño de San Nicolás, con pasajes por Comodoro Rivadavia, Catamarca, Río Gallegos, Trelew, Villa Carlos Paz, La Rioja, Mendoza, Las Heras, Pergamino, San Miguel, Jujuy, Salta, Santa Rosa, Mar del Plata, Tartagal, y Misiones.
Hoy el Roña tiene nueva vida, da de comer a 250 personas “Lo de ayudar a la gente con comida empezó en la pandemia. Había comprado el gimnasio en marzo acá en Temperley y me agarró. Estuve un año y medio sin poder abrirlo. No sabía qué hacer. Y entonces se me ocurrió armar una olla popular para 30 personas; vinieron más de 60″, describe Jorge “Locomotora” Castro (55), su rol solidario que se inició allá entre marzo y abril de 2020 con la llegada del coronavirus al planeta.
“¿Sabés una cosa? Me hizo recordar mucho a mi infancia donde pasábamos grandes necesidades y yo estaba obligado a pedir, ¡para qué te voy a mentir, si no, no morfábamos! No me da vergüenza decirlo. Mi vieja era una humilde portera de un colegio y no le alcanzaba. Éramos seis hermanos varones y mis padres estaban separados. Son recuerdos duros de la vida”, rememora el Roña -otro de sus apodo, dado por el boxeo-. “Roña salió por buscar roña, porque vivía peleándome en la calle. Y ‘Locomotora’ porque siempre iba para adelante, siempre al frente y nunca retrocedía. Y ‘Negro’ porque soy un negro sucio”, se muestra así, con su humor al hueso, de calle, sin vueltas.
“Mi papá me c… a palos”
Sigue con su relato, siempre rememorando que aquella época más que sufrida lo marcó para siempre, no solo en su memoria, también en su propio cuerpo: “Cuando nos fuimos a vivir a Catamarca pasé mucho hambre. Mi mamá me mandó a vivir ahí con mi viejo que era alcohólico, no me trataba bien, bah, me c… a palos. Y la pasé mal, no teníamos para comer. Un día mi vieja me fue a ver, yo estaba flaquito, desnutrido, y nos llevó a mis hermanos a Caleta Olivia, que es donde nací. Estuve un año y después me fui al campo con los esquiladores, desde los 14 hasta los 15 años. Volví con guita y ahí me hice boxeador. Hoy reconozco que al final fui un tipo iluminado, tocado con la varita mágica, y llegué a lo que llegué con el boxeo”.
Llegó nada menos que a ser Campeón del Mundo en 1994 de la categoría “Middle/Medio”, cuando le ganó al estadounidense Reggie Johnson. “Por ser El Roña Castro recibo colaboración, soy consciente de que si fuera Juan Fulano no me darían. Traté de usar la fama para bien. Una cosa es contarlo y otra vivirlo. Abastecemos también a nueve merenderos y catorce comedores. Toda esta movida empezó con 30 personas y llegaron a venir 620 a buscar para comer. En pandemia lo hacíamos lunes, miércoles y viernes. Ahora los sábados reciben arroz, fideos, azúcar, yerba, tomates, polenta, lechuga, acelga, papa, cebolla, calabaza. Hoy como la pandemia aflojó bastante vienen 250 personas, más o menos, gente que necesita de verdad. La que empezó a laburar ya no viene. Tampoco los vivos que retiraban y después revendían en la feria. A esos los fui a buscar, escaparon como ratas del puesto, les saqué la mercadería, me fui y se la volví a dar a los vecinos que merecen todo. Fue duro y humillante, nos pasó de familias que de estar viviendo bien tuvieron que venir a pedir, terrible. Mucha no quería venir por vergüenza”, explica.
Así comenzó, hasta hoy: “Seguimos y no paramos. Me iba con un amigo al Mercado Central y empecé a manguear, a pedir puesto por puesto. Lo mismo con los mayoristas. Hasta la actualidad sigo haciendo lo mismo. Así le podemos dar mercadería a la gente que lo necesita. Que la gente coma para mí es sagrado. Ayudar para mí es muy lindo. Porque los que pueden tienen una realidad distinta. Siempre hay que mirar para los costados. Lo hago porque me da satisfacción. Me levanto a las cuatro de la mañana para ir al mercado porque me gusta, podría quedarme durmiendo si quiero, pero me encanta. Ah, me olvidé de comentarte que también fuimos hasta el Impenetrable chaqueño, recorrimos 2600 kilómetros llevando 10 mil kilos de mercadería”.
“Mi mujer me dijo: ‘¿Hasta cuándo vas a vivir de joda?’”
El Roña reconoce que él también cambió y aplica desde hace tiempo lo que pregona tras las rejas en su propia vida: “Yo antes al día le ponía un toldo para que siempre fuera de noche, vivía de joda, iba a comer a todos lados, tenía invitaciones. Desde que me junté con Yanina hace ya una década, ella me dio el dulce durante los dos primeros años y después se puso seria y me dijo ‘¿hasta cuándo vas a vivir de joda?’”.
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