A 9 años del ascenso de River

Fueron 363 días que parecieron siglos. Una odisea. De Madryn a Jujuy. Del llanto a la emoción. De tocar fondo a levantarse por el peso propio de su historia. Con guerreros inolvidables que se quedaron para poner el hombro y otros que no dudaron en volver en el momento más difícil. Y todos, en conjunto, llevaron a River otra vez a Primera. Ya pasaron nueve años de aquel 23 de junio que le puso punto final al camino más difícil que le tocó transitar al conjunto de Núñez.

Fueron 38 fechas que River padeció hasta ese sábado soleado que le devolvió la luz al Monumental, el mismo que un año atrás había registrado el momento más doloroso de su historia. Fue el rey David (Trezeguet), que se sumó a mitad de camino de la BN tras su paso por Emiratos, quien se transformó en ídolo gracias a ese doblete ante Almirante que devolvió al CARP a Primera tras ganar el torneo con 73 puntos, uno más que Quilmes.

Una experiencia que a priori parecía un trámite pero que terminó siendo un suplicio. Y vaya si lo fue si hasta él mismo, uno de los pocos que sabe cuánto pesa la Copa del Mundo (1998) y que también levantó la Eurocopa (2000), no dudó en afirmar que “estos goles fueron más importantes que los que metí en la Euro”, en referencia al gol de Oro que marcó para Francia en la final contra Italia.

Acaso esa declaración sirve para tomar real dimensión de lo que fue el eterno peregrinaje de River por la segunda división del fútbol argentino. Fue como un Vía Crucis. Y Matías Almeyda lo supo desde que decidió retirarse tras el descenso y transformarse inmediatamente en el DT de la redención. El Pelado sufrió en carne propia todo el camino y recién se desahogó aquella tarde del 23 de junio de 2012, al igual que lo hicieron sus muchachos liderados por ese capitán y goleador llamado Fernando Cavenaghi.

El Torito, máximo artillero del equipo con 19 gritos en 37 partidos jugados, fue el referente desde que decidió regresar a Núñez para ayudar en las malas, tal como lo hizo el Chori Domínguez (34 PJ, 4 goles) y un tal Leonardo Ponzio…. Un equipo que, como pudo, sostuvo sobre su espalda el peso del descenso y también el de una obligación implícita: la de volver inmediatamente a Primera. Y lo lograron no sin antes transpirar, tropezar y volver a levantarse.

Con Joni Maidana, el mismo que hoy disfruta de su recompensa en este River, otro River; con un Lucas Ocampo jovencito que no flaqueó jamás (fue el único que disputó los 38 juegos), con un Ezequiel Cirigliano dueño del mediocampo y que con 20 pirulos le tocó “crecer ocho años en uno”… Una tropa que, en definitiva, hace 9 años celebró, y se desahogó.

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