A los 83 años, Roberto Ciccioli se recibió de arquitecto, cumpliendo su sueño. “Hay gente que piensa que la vida termina cuando uno se jubila y no es así, empieza de nuevo”, afirma.
Es una experiencia muy linda, realmente no tenía idea que iba a pasar todo esto. Nunca pensé que a esta edad iba a ser tan feliz”, asegura Roberto Ciccioli, jubilado rosarino de 83 años, quien se acaba de recibir de arquitecto cumpliendo su sueño.
Con alegría y orgullo destaca los “momentos agradables” que vivió a los 80 años al retomar los estudios en la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario para dar las cinco materias que le faltaban tras haber abandonado de joven.
Señala “el compañerismo y la espontaneidad” de los y las estudiantes jóvenes, así como “la ayuda de los docentes, que son extraordinarios”. Y afirma: “Parecía la continuidad de la familia”.
“Nunca pensé vivir esto y menos que me haga popular. Por la calle, la gente me dice ‘arquitecto’ y contesto ‘que bien se escucha’”, comenta entre risas.
En declaraciones a este diario, remarca: “Esta es una experiencia nueva. Si le tendría que decir algo a los jubilados, les diría que quienes tienen materias pendientes, como era mi caso, que vayan a la facultad, que estudien porque les da felicidad, aparte a uno lo hace evolucionar internamente”.
Roberto nació en la Ciudad de Buenos Aires y hasta los 19 años vivió en el barrio de Villa Urquiza. “Tengo lindos recuerdos” de la infancia y adolescencia, destaca. Tras recibirse de Técnico se mudó a la ciudad de Rosario, adonde llegó con una carta de recomendación de un profesor.
“Había un profesor extraordinario, a quien recuerdo con gran cariño. Me dijo ‘a vos que te gusta, por qué no vas a estudiar allá’. Me dio una carta para un amigo suyo, quien me relacionó con otro y así. Estaba solo y tuve una gran mano por parte de la facultad. Tuve una beca y estudié 4 años. Luego uno se equivoca de camino, va para un lado, para el otro, y elegí el camino equivocado: dejé la facultad”, recuerda.
“Después los años pasan, uno hace su vida y siempre queda ese sueño. Dice ‘hoy lo voy a hacer’ y después no lo hace. Al final, cuando uno se jubila, se sincera la cosa. Hay gente que piensa que la vida se termina cuando se jubila, y no es así, empieza de nuevo porque ve las cosas desde otro punto de vista, con experiencia y con todas las macanas porque uno no es perfecto, todos somos humanos. En el transcurso de la vida hay cosas lindas y feas”, agrega.
Así fue que a los 80 años decidió retomar la carrera de arquitectura para rendir las cinco materias que le quedaban. Comenta: “A uno le cuesta entrar en la facultad, es la verdad, porque (los alumnos) eran como mis nietos y no sabe cómo lo van a aceptar. Pero la primera vez que se sienta junto a ellos, ese día gana porque no hay ningún problema, fue una experiencia muy linda, lo ayudan”, remarca.
Asimismo señala las diferencias en la enseñanza. “Algo extraordinario que también tiene la facultad es el trabajo en equipo. Parece mentira, antes era todo individual y hoy es en equipo y funciona tan bien. Para mí es algo nuevo. Y no sabía que existía ese trato, esa espontaneidad que tienen los chicos y las chicas. Pasé momentos agradables”.
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