La Cristina de Lanata

A los 34 años, la actriz fue elegida para imitar a CFK y a Vidal en Periodismo para todos. Nacida en La Pampa, cuenta cómo llegó a jugar Primera.
Recuerda que cuando era una niña y se devoraba las telenovelas de la tarde junto a su abuela Onelia, con quien se crió en Santa Rosa, Laura Bruni tuvo claro lo que le depararía el destino: “Estábamos viendo una de Andrea del Boca y le dije ‘Cuando yo sea grande voy a ser como ella’. Fue así, como una señal muy fuerte”. Treinta años pasaron entre la anécdota y esta nota, y su disparo no estuvo tan lejos del blanco. No es Andrea, pero es Cristina.

Ahora, de la ex presidenta sólo tiene las pestañas postizas, que las tendrá fijas por unos cuantos meses. Por lo demás, es su pelo, su voz, su modo, su presentación. ¿Quién es la mujer que todos los domingos imita a Fernández de Kirchner -y a María Eugenia Vidal- en Periodismo para todos (a las 22, por El Trece), el programa de Jorge Lanata? Con una botella de agua mineral y más desenfado que timidez, esta pampeana de 34 años cuenta cómo llegó a jugar en la Primera de la TV, después de 12 años de trayectoria y un papel clave en Algunas mujeres a las que le cagué la vida, la obra en la que componía a un personaje con guiños a CFK.

“Alguien de la producción me vio en el teatro y entonces me llamaron para que mandara material. Yo no hacía de Cristina, pero Miranda tenía algunas cosas de ella. En ese momento, con 28 años interpretaba a una mujer de 65, que hacía referencia a su marido como ‘él’… Y decía eso medio con su estilo, con lo cual se convirtió en un gag que hacía estallar la sala”, comparte con gracia y gestualidad conocida.

-¿Alguien veía a Cristina en Miranda?

-Mucha gente me decía que cuando se hiciera una película o un programa sobre ella tenía que hacerlo yo.

-Pero nunca imaginaste ser la Cristina de Jorge Lanata…

-No, jamás. Ni siquiera ser la Cristina de ningún lado. Pero mirá qué loco esto: a mí Lanata me encanta, me parece el comunicador número uno, lo miro desde que estaba en Canal 26, porque me fascina la política. Y más de una vez me pregunté “¿En qué podría trabajar yo con él, si no soy periodista?”. Y ahora se dio esto y estoy chocha.

Cuenta que Miguel Gruskoin -libretista de The House of Grieta, el sketch de PPT en el que conviven varios imitadores- “me llamó para que enviara fotos y videos de esa obra. A los tres días me convocaron para un casting y me preguntaron si me animaba también a hacer la imitación de María Eugenia Vidal. Y dije que sí, de inconsciente nomás”.

-¿Alguna vez habías imitado a alguien?

-No, nunca. Yo tengo formación actoral, pero cero paso por las imitaciones. Igual imitar es componer. Me considero una actriz que en este momento está interpretando dos personajes. Para el casting observé minuciosamente videos de las dos, pero no me enfoqué en ver el trabajo de otros imitadores.

-Pero a la Cristina de Fátima Flórez la viste alguna vez, ¿o no?

-Sí, mil veces, pero no a propósito de esto. He visto el trabajo de ella y el de Martín Bossi, y los dos la encaran desde costados diferentes: Martín más desde lo actoral, y Fátima, que tiene la voz logradísima, desde la parodia. Son laburos maravillosos, pero creo que hacemos tres Cristina diferentes.

-¿Vos la buscaste mirándote en el espejo?

-Al espejo hay que matarlo, porque te ves haciendo el gesto de otro. Yo combiné observación y pensamiento. Tuve una semana para preparar a las dos. Y no le conté nada a nadie: me encerré en casa con mi perro, Bomba (ver Las reacciones…), y vi YouTube todo el día.

-¿Llevaste algún elemento de apoyo al casting?

-Fui con pantalón y una camisa para hacer de Cristina, además de hacerme un súper brushing. Y me llevé un saquito color camel para María Eugenia… para hacer de ella, además, me tiré el pelo para atrás

-¿Sentiste que las lograste?

-Sí, a full. Me aconsejaron que descansara entre una y otra y yo les dije “No, vamos con Vidal de una”. Me trajeron agua, me puse el saco, cerré los ojos, hice concentración y se me vino a la cabeza. Se reían, aplaudían, eso fue muy reconfortante.

-¿Cuándo llegó el sí?

-La prueba fue un viernes, me llamaron enseguida y me citaron a una reunión en el canal para el lunes. Y ahí supe que había quedado para las dos.

-¿Y cuándo lo compartiste con tus afectos?

-Fue tan shockeante que no lo podía contar. Me fui a tomar el subte y no sabía a quién llamar. A la noche se lo dije a una de mis hermanas, después a unas amigas, pero tardé en compartirlo. Tanto, que mucha gente se enteró directamente viendo el programa el domingo siguiente.

-¿Ah, te reconocieron?

-No, es que apenas terminó subí las fotos a Facebook, a Instagram y a Twitter. Recibí lindos comentarios.

-¿Tuviste alguna señal de ellas dos?

-Sé que a Vidal le gustó, pero la verdad es que me encantaría que Cristina o María Eugenia me llamen. No sé, que me pidan algo en relación al trabajo, un ponele tal cosa, sacale tal otra… Me banco lo que venga, cualquier crítica sería constructiva. Es parte del juego.

Anotada como Laura Angelina Espinal, tomó como apellido artístico el Bruni de su abuela (por consejo de Pepe Cibrián) y aclara que “no soy la prima de Carla Bruni”, como algún periodista echó a correr para volverla famosa. De chica integró la Agrupación Pampeana de Tango, y de grande, ya instalada en Buenos Aires, se formó con Ricardo Bartís y Julio Chávez.

“No quiero quedar encasillada como ‘actriz cómica’ y nada más. Si me preguntás mi sueño te digo. ¿Te digo? Bueno, yo quiero ser Carla Lucero, la mala de la novela (personaje que moldeó Carina Zampini en televisión). Para mí la comedia es un lugar cómodo, pero me gusta bucear en las zonas que no conozco”, aclara como si animarse a entrar en la piel de Cristina Fernández y de María Eugenia Vidal no fueran riesgos suficientes.

Las reacciones de Bomba, el perro actor

Uno de los nombres que más repitió en la nota es el de Bomba, su perro, que el domingo debutó en PPT (a upa de la Vidal de Bruni). “Lo amo, es muy inteligente. Cuando tuve que estudiar el guión, reaccionaba distinto con una y con otra: cuando decía ‘Parrilli pelotudo’, salía corriendo… En general, cuando hago a Cristina, se asusta con el tono declamatorio y se aleja, se va hacia la puerta. Y con el paz y amor del tono de María Eugenia se acerca y se tira arriba de la cama, tipo mimoso”.

Los secretos para construir los dos personajes

Después de un viaje, con varias escalas repetidas, por los videos que hay en Internet sobre Cristina Fernández y María Eugenia Vidal, Bruni traza una radiografía sobre gestos, tonos y modos de una y de otra, que le sirvió a la hora de componer.

“Cristina tiene un modo declamatorio y un manejo de los tiempos, y principalmente de los silencio, muy particular. Su registro es contralto y hace con los tonos lo que quiere. Algo que repite mucho es llevar las manos al lado de la cara para marcar el ángulo del rostro, que es un modo de llamar la atención. No sé si eso es natural o lo tiene ‘coacheado’. Y mueve los ojos de un lado a otro para dejar en claro que le habla a todo el mundo. Su fuerte es la mirada. Y la exageración: todo es mucho en ella, el maquillaje, el enojo, la dulzura”, explica y grafica que “una de las palabras que más usa es el Yo”.

De Vidal dice que “tiene siempre un mismo tono, más bajo, no autoritario, con el que suele generar empatía. Su modo es la suavidad, pero eso no es debilidad. Al contrario, tiene una gran fortaleza. Para encontrarla tuve que buscarla más que a Cristina. Sí me sirvió mucho para imitarla cómo ubica el labio de abajo, tipo pucherito y su constante movimiento de cabeza”.

Comentários no Facebook