Un chino firmó equivocado una solicitud de asilo y pasó 12 días en un centro de refugiados

Estaba de visita en Alemania y firmó equivocado una solicitud de asilo en vez de una denuncia por robo.
chinoMuchas veces no entender el idioma del país que visitás te puede traer serios problemas. Y si no, basta preguntarle a un turista chino que estuvo atrapado durante doce días en un centro de refugiados de Alemania, al firmar por error una solicitud de asilo en vez de una denuncia por robo. La Cruz Roja, que gestiona el albergue, confirmó la información.

El hombre, de 31 años, y que sólo habla chino mandarín, «puso en marcha una maquinaria de la que en un primer momento no fue capaz de salir», declaró Christoph Schlutermann, presidente de la Cruz Roja en la región de Munster, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia.

Gracias a una aplicación de traducciones, doce días después fue posible reconstruir la odisea del mochilero chino, a quien le habían robado la billetera en la ciudad de Heidelberg, y que pretendía continuar su viaje hacia Francia e Italia.

La historia comenzó trece días atrás, cuando el desdichado chino quiso hacer la denuncia por el robo sufrido y preguntó donde había una comisaría. Como en el famoso juego del teléfono descompuesto, entendieron que buscaba asilo y lo mandaron a una oficina pública encargada del trámite.

Allí le entregaron los formularios para presentar su petición de asilo, mientras que el desafortunado creía que estaba haciendo la denuncia por el robo.

Lo único que hizo el mochilero con los formularios fue firmar, y demostrando que los alemanes tienen celeridad para este tipo de pedidos, el hombre fue subido a un micro junto a otro grupo de personas y trasladado a un centro de refugiados provisional en la ciudad de Dortmund. Allí tuvo que entregar su pasaporte y su visado. No entendía mucho, pero le ofrecieron la cena y le mostraron su cama. Comió sin chistar y se fue a dormir rápido, asombrado que atendieran así a una persona que denunciaba un robo, y creído que como se había hecho tarde, gentilmente le daban techo y comida de manera gratuita.

Allí estuvo una semana. En su chino mandarín que nadie comprendía, el mochilero trataba de explicar que quería seguir su viaje, y los alemanes le indicaban que hecho el pedido de asilo no podía irse a ningún lado.

Sus penurias no finalizaban más. El hombre fue trasladado a otro centro de refugiados en Dimen. Y la historia comenzó a repetirse. Los alemanes le ofrecían una cama, duchas generales y tres comidas al día. lo único que él pedía era una puerta para escapar.

Hasta que el día doce, el chino hizo más estentórea su queja. Y se repitió lo de los once días anteriores. Nadie le entendía una jota. Hasta que un iluminado trajo la aplicación que traducía el chino mandarín al alemán.

Sin reírsele en la cara, las autoridades entendieron que el hombre había pasado, más que doce días como refugiado, una docena de jornadas como preso.

Tras darle las disculpas de rigor y aceptarle la denuncia por el robo, el chino escapó de Alemania. Cuentan que a tal velocidad, que tranquilamente le podría dar un dolor de cabeza a Usaín Bolt en Río de Janeiro.

El chino comprendió varias cosas de su experiencia: a) si le roban algo, saludar al ladrón y no hacer la denuncia; b) antes de firmar algo, pedir un traductor (que no sea el de la película Expreso de Medianoche); c) si te suben a un bondi, decile que no tenés la Sube y querés bajarte; d) si te dan comida y cama gratis, desconfiá y decí que preferís pagar un hostel y e) si pasan los días y nadie te entiende una palabra, empezá a aprender alemán. A lo mejor, en cinco años podés volver a Pekín…

Comentários no Facebook