El equipo de Barros Schelotto derrotó 1 a 0 a Argentinos con un gol de Izquierdoz y quedó a un punto de la cima. El miércoles recibirá a Cruzeiro por los cuartos de final de la Libertadores.
En La Paternal, en un clima hostil contra Carlos Tevez y compañía, en una cancha resbaladiza en la que conectar dos pases fue una quimera, en una noche en la que los detalles resolvieron mucho, Boca se plantó con el ADN del bicampeón. Se llevó un triunfo por 1 a 0 frente a Argentinos Juniors que revitaliza en la antesala de una semana decisiva, con Cruzeiro por la Copa y River en el horizonte.
El equipo de Guillermo ganó uno de esos partidos que se le ponen incómodos cuando le meten pierna fuerte y lo resolvió con temple, con un gol de cabeza de un marcador central, Carlos Izquierdoz, tras un córner (algo que no pasaba desde hacía tres años) y también encontró en las manos de Esteban Andrada la calma que necesitaba en el arco. Sumó de a tres, ganó fuera de la Bombonera por Superliga tras siete meses y cerró su tercer juego en fila sin recibir goles.
La noche en La Paternal tuvo al equipo del Mellizo con un esquema conservador, como adaptándose a lo que se intuía: un encuentro de fricción y con poco espacio. Así, Sebastián Villa jugó como lo hizo en Tolima, de mediocampista desdoblado en ataque. En la otra banda, con un sacrificio cada vez más grande, se paró Edwin Cardona. La mitad de la cancha se la dividieron entre Pablo Pérez y Agustín Almendra, y a excepción de una segunda parte en la que decidió retroceder, sin Wilmar Barrios por primera vez no sufrió.
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