Sufre una enfermedad que la obliga a andar permanentemente asistida con un tubo de oxígeno, le pegaron, la tiraron al suelo y la encañonaron para que les diera plata.
Fue antes del mediodía en el barrio Oeste de Trelew; la Policía nunca apareció y dos vecinas del lugar que vieron el brutal atraco tampoco lo denunciaron al 101.
Para peor de males, cuando la víctima llegó a la casa y llamó a una prima que es policía para preguntarle qué era lo que debía hacer, ésta le aconsejó que se quedara tranquila, que tomara algo caliente y que mirara televisión. Le dijo que no valía la pena que hiciera la denuncia, porque si no había conocido al asaltante no lo iban a encontrar.
El asalto callejero sucedió momentos antes de las doce en las inmediaciones de las calles Edison Norte y Nicaragua, cuando Claudia -la mujer asaltada- volvía a su domicilio en un departamento de las Mil Viviendas y el maleante la sorprendió por la espalda.
«Me había dado cuenta que alguien venía atrás mío, pero tampoco uno puede andar persiguiéndose con que le van a robar, porque si no, deberíamos vivir encerrados», razonó Claudia.
«Me tiró al suelo; me pegaba patadas, y mientras yo estaba en el suelo veía a dos mujeres que chusmeaban por la ventana, pero nadie llamaba a la Policía», contó. «El tipo me pateaba y me decía que le diera plata. Yo no le doy más de dieciocho años. Y me decía: ‘No puede ser que no tengas nada’, era como que me castigaba porque no tenía plata. En el bolsillo sólo tenía 150 pesos, eso era lo único que tenía de dinero», explicó.
LA AGRESION
«Tenía los ojos como idos», describió: «Esa mirada perdida», acotó. -¿Y nadie de la cuadra salió siquiera de la casa para ahuyentarlo?, le preguntaron a Claudia. «Nadie. Nadie. Sólo chusmeaban. En un momento sacó una pistola que tenía puesta atrás, en la cintura, y me apuntó en el medio de los dos ojos; era una 9 milímetros y me repetía: ‘Vos plata tenés que tener porque sos rubia’, y me pegaba otra patada», siguió relatando.
«Cuando me puso la pistola en el medio de la cabeza, ahí me dije a mí misma: ‘Chau Claudia, éste es tu último día’ (se sonríe). Le dije entonces que tomara la cartera y me preguntaba qué tenía adentro; el oxígeno, le contesté. El tipo había visto que yo llevaba colgando algo, y era el tubo del oxígeno. Entonces le dije que no se lo podía entregar porque incluso no era mío, era prestado. ‘Ahí debés tener la plata’, me dijo, lo revisó y como no encontró nada en la mochila del tubo lo reboleó. Me sacó el oxígeno para que no pudiera respirar, mientras me decía que no lo mirara», siguió contando; aclarando después que el delincuente no tenía capucha, que no cubría su rostro.
«Después de apuntarme a la cabeza, me hizo dar vuelta a las patadas y mientras yo estaba en el suelo. Me dijo que contara hasta cincuenta y que después de que lo hiciera recién me parara, me pegó dos culatazos con el arma en la cabeza y se fue», añadió.
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