Un estudio reciente reveló que las pastas no engordan tanto como se pensaba

Los fanáticos de los macarrones o los espaguetis que cuidan su línea no van a tener que dejarlos afuera de la alimentación diaria.

La pasta es una de las comidas preferidas de muchos no solo porque pueden combinarse con otras comidas sino porque también hay una inmensa variedad de maneras de prepararlas. Pero, para quienes no quieren subir de peso, generalmente, se les recomienda consumirlas moderadamente.

Ahora, un estudio descubrió que, a diferencia de otros carbohidratos refinados, como el pan, el arroz y las papas, la pasta tiene una estructura única y una respuesta glucémica baja, es decir, no eleva tanto ni tan rápido el nivel de azúcar en sangre, lo que podría contribuir a un peso corporal saludable.

De hecho, a pesar de los estereotipos negativos asociados a la pasta, los investigadores descubrieron que este carbohidrato de bajo índice glucémico no está relacionado con el peso corporal. Las autoras del estudio, Lisa Sanders, médica en la Universidad de Yale, y la nutricionista Joanne Slavin, analizaron 38 estudios para averiguar si existía alguna relación entre el consumo de pasta y el aumento de peso.
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En concreto, examinaron estudios observacionales y ensayos clínicos en los que se detallaba la ingesta de pasta y los resultados de peso corporal. Dado que la pasta es un estricto “no” para muchas personas, su objetivo era determinar el papel que desempeña la pasta en los patrones dietéticos, observando específicamente el IMC, la pérdida de peso, las probabilidades de aumentar de peso y la obesidad.
Por qué la pasta no engorda

“A pesar de la percepción de algunos de que la pasta es un alimento que ‘engorda’, las pruebas observacionales actuales sugieren que, en general, la pasta no está asociada con el peso corporal o la composición corporal y puede estar inversamente asociada con el IMC o la obesidad abdominal”, concluyó el estudio.

En cuanto a cómo influye la pasta en el peso corporal, está “menos claro”, pero las investigadoras afirmaron que “la digestibilidad lenta que da lugar a una respuesta glucémica más baja puede desempeñar un papel y debería investigarse más a fondo”. Aunque el estudio señaló que “se necesitan más investigaciones para confirmar estos hallazgos observacionales”, sí señaló que otro estudio reciente “demostró que la pasta no dificulta la pérdida de peso ni contribuye al aumento de peso dentro de un patrón dietético saludable”.

Es razonable querer evitar una sobrecarga de carbohidratos refinados, ya que el proceso de molienda elimina el salvado, las vitaminas B, el hierro y la fibra dietética, según Medical News Today, pero si tenemos antojo de macarrones con queso, deberíamos centrarnos en el tamaño de las porciones. La Asociación Americana del Corazón recomienda seis raciones de cereales al día -preferiblemente integrales a refinados- y explica que una ración de cereales equivale a media taza de pasta cocida.
Cómo cocinamos la pasta sí importa

También es importante cómo cocinemos la pasta y al dente es la mejor opción, ya que permite que parte del almidón siga presente, lo que significa que el índice glucémico es menor que cuando se hierve blanda, según US News & World Report. Además, aunque es difícil resistirse a la pasta fresca y caliente, dejarla enfriar durante la noche tiene beneficios para la salud.

Durante ese tiempo, algunos de los almidones naturales del alimento se transforman en almidones resistentes, que se relacionaron con un menor nivel de azúcar en sangre, una mejor salud intestinal y un menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, según un estudio de 2022.

Balazs Bajka, fisiólogo intestinal del King’s College de Londres, explicó que la cocción y posterior enfriamiento de la pasta hace que las moléculas de almidón se apelmacen, lo que dificulta su digestión. En los restos de pasta, algunas de las moléculas de azúcar del almidón son más difíciles de descomponer, por lo que el torrente sanguíneo absorbe menos azúcar.

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