Con más del doble de votos, Bowen se impuso con claridad y dejó en evidencia el agotamiento de las viejas fórmulas, que no abren paso a nuevos liderazgos.

Las elecciones internas del Partido Justicialista en Chubut dejaron mucho más que números. Si bien Juan Pablo Luque logró imponerse en el resultado provincial, el mensaje que llegó desde Puerto Madryn fue contundente y cargado de significado político: el modelo de liderazgo tradicional está agotado, y la renovación ya no es una opción sino una urgencia.
En la ciudad portuaria, el respaldo a Luque fue significativamente menor al esperado. Con apenas 472 votos, fue ampliamente superado por Dante Bowen, que alcanzó los 1.038 sufragios. La diferencia no solo fue numérica, sino simbólica: Madryn no avaló la propuesta del exintendente de Comodoro ni la estrategia que lo acompañó en esta elección.
Más allá de la derrota puntual, lo que se puso en evidencia fue una resistencia clara de los votantes locales a continuar bajo la tutela de estructuras y figuras del pasado. La figura de Carlos Eliceche, histórico dirigente madrynense y principal operador de la campaña de Luque en la ciudad, volvió a quedar en el centro del debate. Su presencia en esta interna, lejos de sumar, fue vista por muchos como la imagen de un ciclo agotado, que insiste en volver a pesar de los reiterados fracasos electorales.
El rechazo no es nuevo. Eliceche ha regresado en diversas elecciones tras anunciar su retiro, y en cada ocasión los resultados fueron adversos. Esta vez, su rol visible en la campaña fue leído como un intento de retener el control del peronismo local, pero los votantes demostraron no estar dispuestos a repetir fórmulas gastadas.
En contraste, el respaldo a Bowen refleja una voluntad de cambio dentro del electorado justicialista de Puerto Madryn. Su triunfo no sólo expresa una preferencia coyuntural, sino un pedido político de fondo: la necesidad de oxigenar el espacio, de abrir paso a dirigentes con nueva visión y legitimidad propia.
El desafío para el PJ madrynense es claro: interpretar el mensaje de las urnas y dejar de lado la nostalgia como guía política. Las estructuras que se aferran al pasado impiden el surgimiento de nuevos liderazgos y arrastran al peronismo local a la irrelevancia.
La interna provincial dejó ganadores y perdedores, pero también dejó lecciones. Y quizás la más importante se escuchó desde Madryn, con fuerza y claridad: sin renovación, no hay futuro.
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