La medida fortalece al sector exportador, pero su impacto en el consumo interno es incierto y podría no traducirse en precios más bajos para los ciudadanos.
El anuncio del vocero presidencial Manuel Adorni sobre la suspensión de las retenciones a las exportaciones de carne vacuna y aviar hasta el 31 de octubre de 2025 fue recibido con entusiasmo por los productores y frigoríficos exportadores. La medida, que amplía la política de retenciones cero aplicada a granos y subproductos, busca fortalecer la competitividad del sector y acelerar la llegada de divisas en un contexto de presión cambiaria.
Para los ciudadanos de a pie, sin embargo, el beneficio directo es menos claro. Si bien la eliminación de impuestos podría reducir costos a los exportadores, no existe garantía de que esa ventaja se traslade a los precios internos. Por el contrario, al fomentar la exportación, la medida podría aumentar la presión sobre el abastecimiento del mercado local y, en consecuencia, tensionar los precios de la carne en góndolas y carnicerías.
En el corto plazo, la estrategia parece diseñada más para estabilizar el frente cambiario y atender la necesidad urgente de dólares que para favorecer el bolsillo del consumidor. El impacto positivo en los ciudadanos podría verse solo de manera indirecta, en caso de que la baja en la cotización del dólar se mantenga y logre contener la inflación.
En síntesis, la eliminación temporal de retenciones beneficia principalmente al sector exportador de carne y a las cuentas externas del país. Para los consumidores, la medida no asegura mejoras en el acceso a alimentos básicos y deja abierto el interrogante sobre cómo se equilibrarán los objetivos de ingreso de divisas con la necesidad de garantizar precios accesibles en el mercado interno
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