Grabaron a tres sordos planeando un asesinato en lenguaje de señas

Dos hombres y una mujer llevaron a cabo su plan y arrojaron desde un segundo piso a otro sordo amigo del trío. Una cámara delató su plan.
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El 15 de enero de 2015 Robert Wright cayó desde su departamento ubicado en el cuarto piso de un edificio en Melbourne, Australia. Para todos, un suicidio. El hombre, de 36 años, era sordo, sufría de parálisis cerebral y epilepsia, y tenía una discapacidad intelectual. Mucho sufrimiento al que puso fin con su acto.

Tres días después de su caída murió en el hospital donde lo habían internado. Un ataque cardíaco cerró el asunto. Pero el caso tuvo un giro inesperado. El hombre no se suicidó. Fue asesinado. Por otros tres sordos que fueron descubiertos de la manera más impensada.

Robert Wright, el asesinado. Primero se creyó que se había suicidado.

Warwick Toohey (37), Jake Fairest (27) y Georgia Fields (19), sordos todos ellos, planearon y ejecutaron el crimen. El trío quedó al descubierto por el lenguaje de señas y una cámara en el vestíbulo del edificio de la víctima que grabó la conversación.

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Todo salió a la luz gracias a una mujer, Michelle O’Neill, que estudió junto a los asesinos en el Victorian College, un instituto para sordos. La mujer le comentó a la justicia que en febrero de 2014 viajó con ellos en un tren y observó lo que charlaban mediante el lenguaje de señas: «Planeaban  matar a un hombre. Decían que lo iban a golpear en la cabeza con un palo cuando estuviera dormido. Después comentaron otras formas, pero cómo se reían y hacían bromas, creí que nada era cierto».

Warwick Toohey, uno de los asesinos. Compartía el departamento con la víctima.

El asesinado también era amigo de Michelle, y cuando ella se enteró de su muerte, pensó en aquella conversación sobre el tren. Informó a los investigadores y estos encontraron una llave clave: una conversación entre los tres sordos en el vestíbulo del departamento del asesinado. La cámara de seguridad grabó todo. Y un traductor del lenguaje de señas informó lo que los tres habían dicho. La conversación se centró en si la víctima debía ser estrangulada o empujada al vacío.

Fairest: “Podés estrangularlo, ¿cómo lo ves?

Fields: “Creo que empujarlo es mejor”.

Toohey: “Estrangularlo lleva riesgos”.

Fields: “Empujarlo está bien, empujarlo está bien”.

Toohey: “Primero vas y lo saludás, le preguntas qué tal está, luego lo empujas desde el balcón”.

Jake Fairest, otro de los asesinos. ¿Empujó él a la víctima?

Poco después de mantener la conversación los tres se dirigieron hacia la habitación de la víctima. Toohey, que compartía el piso con la víctima, y Fairest, fueron los que arrojaron a Wright por el balcón, mientras que Georgia Fields se limitó a mirar.

Cuando fueron descubiertos y detenidos, empezaron a echarse la culpa uno al otro. Jake Fairest explicó que hubo una pelea entre el asesinado y Warwick Toohey, y éste lanzó a la víctima por el balcón mientras él intentaba salvarlo.

Ante el juez, Toohey relató que fue Fairest quien lanzó a Wright por el balcón y que él había intentado detenerlo. Y Georgia dio dos versiones distintas, pero vía Facebook le confesó a un amigo que los tres mataron a Wright.

¿Pero porqué lo asesinaron? El muerto y Toohey, que compartían el departamento, se llevaban muy mal. Peleas continuas por la limpieza de la casa y celos. Ante el juez se descubrió que compartían una novia.

El problema es que el juicio, que apenas comenzó, ya parece naufragar. Un estudio determinó que el coeficiente Intelectual de los acusados es tan pobre, que está ubicado entre el 0,03% más bajo de la población y no entenderían lo que hicieron.

La familia del asesinado no opina lo mismo y sólo quiere justicia. Pudo ser el crimen perfecto. Una charla en un tren, una cámara en un vestíbulo y el lenguaje de señas, lo transformaron en imperfecto. Tanto, que no se sabe si podrán meter presos a los asesinos.

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